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El Valle de las Reinas

Llamado Ta set neferu “el lugar de la belleza». Fue descubierto por el italiano Ernesto Schiaparelli entre 1901-1906.

Está situado al sudoeste del Valle de los Reyes. Es la necrópolis de las reinas y los príncipes, principalmente de las dinastías XIX y XX.

Está formado por tumbas excavadas en la roca. Se han descubierto más de 70, aunque actualmente hay muy pocas abiertas al público.

La más conocida de ellas es la tumba QV66 de la reina Nefertari, esposa de Ramsés II.

Fue construida en el año 1290 a.C. por orden de Ramsés II para su esposa preferida. Tiene una profundidad de 27 m.

Por su alto nivel de humedad en su interior, la tumba ha estado cerrada en múltiples ocasiones para ser restaurada.

Forman parte del conjunto Antigua Tebas con sus necrópolis y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

Ramesseum

Plano

El nombre de Ramesseum se lo dio Jean François Champollion (la persona que descifró la escritura jeroglífica a través de la Piedra Rosetta) cuando visitó sus ruinas en 1829.

Fue el primero en identificar los nombres y títulos de Ramsés en los muros.

Su nombre en época de Ramsés fue “Casa del millón de años de Usermaatra Setepenra, que une la ciudad de Tebas con el reino de Amón al oeste de la ciudad”.

El historiador griego del siglo I a.C., Diodoro de Sicilia, llamó al edificio la “tumba de Ozymandias”, por una deformación de User-Maat-Re, pensando que se trataba del faraón Ozymandias, inexistente.  En realidad, era uno de los nombres de Ramsés II.

El templo empezó a construirse en el segundo año del reinado de Ramsés II concluyéndose 20 años después.

Es un templo gigantesco ocupando una superficie de 10 hectáreas.

En el Imperio Nuevo, el templo funerario se separa de la tumba, que en este caso se encuentra en el Valle de los Reyes. Pero, la finalidad es la misma, no es un templo de culto a una divinidad, ni al dios Amón, sino de culto funerario a Ramsés II quien fue divinizado en vida.

Las funciones de estos “Templos de millones de años” eran la de asociar el mundo celestial y el terrenal ayudando al faraón en su viaje al Más Allá para encontrarse con sus ancestros y los dioses.

Se trataba de exaltar y glorificar al faraón. Era un claro elemento de propaganda política.

La entrada se realiza por uno pilonos que tienen una puerta en el centro. En la actualidad los pilonos están en muy mal estado de conservación.

El acceso desde los patios hasta el Sancta Santorum siempre es en sentido ascendente por medio rampas o escaleras.

El segundo patio porticado se caracteriza por los grandes colosos adosados a las columnas de 10 m de altura. Ramsés II está caracterizado como Osiris, el dios de la muerte.

Todos los relieves hacen referencia al viaje del faraón al Más Allá.

En este segundo patio se encuentra un coloso derribado. En realidad, pertenece al primer patio. Es un coloso sentado de casi mil toneladas de peso. Procede de las canteras de Asuán, de roca caliza cristalizada.

Esta parte del coloso, de una pieza en granito, se encuentra actualmente en el Museo Británico.

En 1816, el aventurero Giovanni Belzoni consiguió una autorización para llevarse el enorme busto de Ramsés II (al que se llamaba Joven Memnón por error) que decoraba el Ramesseum.

La estatua pesaba 7,25 toneladas y medía 2,67. Tardó 17 días y utilizó a 130 hombres para llegar hasta el río donde consiguieron embarcar la pieza.

Los relieves representan a Ramsés II arrodillado delante de Amón, su esposa Mut y su hijo Jonsu, la sagrada tríada tebana.

Bien conservada, ha servido de escenario para películas como La esfinge de cristal (1967) o La espía que me amó (1977), décima entrega de la saga de James Bond.

Consta de columnas con capitel papiriforme abierto. Según la cosmogonía egipcia reconstruyen el momento de la creación. La vegetación primigenia surge de las aguas del caos generandose la vida.  

El techo, las columnas y los jeroglíficos estaba policromados con vivos colores.

Muchos de sus bloques fueron reutilizados en construcciones posteriores.

En la última sala aparecen relieves de La Bella Fiesta del Valle celebrada entre los meses de abril y mayo. Esta fiesta es equiparable a nuestro Día de los Difuntos (1 de noviembre).

Contaba con un gran salón de recepciones con columnas en forma de palma que daba acceso a la sala del trono donde se celebraban las audiencias.

Tenía una “ventana de la aparición” desde la que el faraón se mostraba a sus súbditos en ocasiones solemnes.

También debe su nombre a Jean François Champollion quien lo tomó del copto para designar pequeños monumentos dedicados al misterio del nacimiento divino.

Lugares donde se guardaba las materias primas y los alimentos perecederos necesarios para el culto y la vida diaria.

Hasta que no se descubrió el Ramesseum no se sabía que los egipcios conocían la bóveda de cañón y el arco de medio punto. Conocidos en Roma, y posteriormente en Europa a través del Románico.

A partir de la dinastía XXI y XXII, 200 años después, el templo quedó abandonado.

Deir el-Medina

Plano Necrópolis de Deir El Medina

Fue la primera ciudad industrial de la Historia de la Humanidad.

Lugar donde nacieron, vivieron y murieron los verdaderos artistas de las maravillas ejecutadas en la orilla oeste de Tebas. Los trabajadores eran conocidos como “la gente de la tumba”. Estaban bien alimentados y eran los mejores en su oficio.

Nunca salieron de Deir el-Medina. Estaban custodiados por puestos de policía a ambos lados de la entrada que, además de mantener su seguridad, se encargaban de su aislamiento. Esta era la forma de garantizar el secreto de la ubicación de las tumbas y tesoros reales.

Eran egipcios, nubios y hebreos, aunque en su mayoría eran cautivos de las guerras contra los hicsos, o los de los pueblos de la franja sirio-palestina.

Las excavaciones arqueológicas han desvelado su vida cotidiana. Las casas de Deir el-Medina eran estrechas, de una sola planta que se adosaban a los lados de una calle central. El conjunto se protegió con un muro de adobe, algo más alto que las cubiertas planas de las casas.

La idea de la creación de Deir el-Medina correspondió a la reina Ahmés-Nefertari, esposa de Amose, y su hijo Amenofis I, padre de Tutmosis. Aunque fue Tutmosis I quien dió forma física al recinto.

Con el tiempo, los artesanos rindieron culto a la reina Ahmés y a su hijo, que fueron divinizados tras su muerte.

Desde un principio, los obreros dependieron directamente del faraón, a través de su visir, y pronto se organizaron por categorías de oficios.

Deir el-Medina vivió su época de apogeo bajo el reinado de Ramsés II, quien ordenó realizar grandes proyectos funerarios.

La semana de los trabajadores en Deir el-Medina era de diez días, con dos jornadas de descanso.

Los arqueólogos han descubierto miles de pequeñas lascas de piedra caliza y de fragmentos de cerámica llamados ostracones. Sobre ellos los habitantes del poblado escribían y dibujaban.

La información que contienen ha proporcionado una valiosísima visión de la vida diaria de los trabajadores de las tumbas reales.

                                                                                           Bailarina. Museo de Turín.


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