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La leyenda de la construcción del puente. Engañar al diablo

Cuenta la leyenda que no había forma de levantar el puente. De hecho, cuando se estaba a punto de terminar siempre colapsaba.
Así que, el arquitecto decidió pactar con el diablo para terminar de construirlo. A cambio de su ayuda en la finalización le prometió el alma de la primera persona que lo cruzase.
El diablo aceptó y el puente finalmente se levantó. El arquitecto decidió engañar al diablo enviando un gallo para cruzar el puente.
Satanás se dio cuenta del ardid y como castigo llamó a la mujer del arquitecto diciéndole que su marido había sufrido un percance. Asustada, cruzó el puente llevándose el diablo su alma para siempre.
Las 30 estatuas que se sitúan en el puente son réplicas, las originales se conservan en el Museo Nacional de Praga.
Leyenda de la estatua del caballero Bruncvík. El origen legendario del león en el escudo checo
Cuenta la leyenda que el joven príncipe Bruncvík vivía en Praga casado felizmente con su amada princesa.

Un día, impresionado por las gestas de su familia, la casa Premislida, decidió dejarlo todo, incluso a su bella esposa, para partir con un grupo de leales caballeros en busca de la gloria.
Los aventureros zarparon recorriendo medio mundo hasta que un día una tempestad los arrojó a la montaña de Ámbar. Hambrientos y enfermos, los caballeros fueron muriendo uno a uno.
El último caballero antes de morir le aconsejó a Bruncvík meterse en un saco junto con su espada y esperar a que pasase un águila para que se lo llevase. Así sucedió, el águila cogió el bulto y lo transportó hasta su nido.
Una vez allí, el águila se marchó a por más presas, momento que aprovechó el príncipe para escapar.
Desesperado, se encontró en su camino a un dragón de nueve cabezas y a un león que estaban luchando. El príncipe Bruncvík se puso del lado del león, empuñó su espada, y juntos acabaron con la bestia.
Desde ese momento el león se convirtió en su amigo más fiel.

Se embarcaron en más aventuras hasta que un día llegaron a un reino donde se encontraba una princesa que se encontraba prisionera de una enorme serpiente. Sin vacilación, el joven y el león lograron rescatarla.
Como recompensa, el rey regaló al príncipe una espada mágica que se volvía invencible al desenvainarla y pronunciar la frase: “Que se caigan las cabezas de mis enemigos!”.
El rey retuvo al joven príncipe contra su voluntad hasta que a este no le quedó más remedio que utilizar los poderes de la espada. Decapitó a todo aquel que se le plantó cara, para, de esta forma, emprender por fin rumbo a Praga.
Al llegar a la ciudad se encontró con que su mujer, que lo había dado por muerto, iba a casarse. El príncipe Bruncvík se opuso y le salieron al paso el prometido junto a un centenar de sus caballeros.
Ayudado por el león, Bruncvík desenvainó la espada y fueron cayendo todos sus oponentes.
De esta forma, el príncipe Bruncvík ordenó pintasen en su escudo a su fiel amigo el león.
A los pocos años el príncipe falleció. El león se postró junto a la tumba de su amigo muriendo desolado a los pocos días.
La espada mágica fue adosada a uno de los pilares del Puente de Carlos. La leyenda cuenta que, cuando el país se encuentre en peligro, San Wenceslao saldrá de la montaña de Blaník junto a sus caballeros y empuñará la espada mágica del puente salvado al reino.

La leyenda de San Juan Nepomuceno

Hay dos leyendas. En la primera se cuenta que San Juan Nepomuceno fue vicario de la Arquidiócesis de Praga durante el reinado de Wenceslao IV. Se opuso al tiránico rey siendo encarcelado y torturado.
Pese a todo, no renunció a su ideología y fue lanzado al rio Moldava con una piedra atada a sus pies desde el Puente de Carlos.
La segunda versión es la más popular y turística.
Cuenta que Wenceslao IV estaba celoso de su mujer, la reina Sofía de Baviera. Le pidió a su confesor, Juan Nepomuceno, le revelase las confidencias que le realizaba su esposa.
El clérigo se negó. Este hecho enfureció al rey quien ordenó el 20 de marzo de 1396, primero cortar la lengua al sacerdote para después lanzarle desde el Puente de Carlos al Moldava.
Cuando el cuerpo tocó el lecho del río apareció un fenómeno singular: 5 estrellas en el cielo comenzaron a brillar.
Este es el símbolo que aparece en todas las representaciones de San Juan de Nepomuceno.
Rápidamente, Juan Nepomuceno fue venerado como mártir por mantener el secreto de confesión.
San Juan Nepomuceno, patrón de Bohemia, no fue canonizado hasta el siglo XVIII.
Lo cierto es que Juan Nepomuceno entró en conflicto con el rey y fue arrojado al río. Sin embargo, la causa fue la oposición del sacerdote al nombramiento de un abad cercano al rey del que conseguiría más impuestos para sus campañas militares.
En 1683 se instaló la estatua en el puente en donde aparece un perro, como símbolo de fidelidad y una mujer, la reina Sofia de Baviera.
Y aquí empieza la tradición. Se dice que todo aquel que frote la figura del perro volverá a Praga.

Además, existe otro ritual si se quiere obtener un deseo.
Consiste en tocar las cinco estrellas, cada una con un dedo de la mano, y el botón del suelo con el pie. Después se piden cinco deseos de los cuales solo uno se cumplirá.

La leyenda de los elfos
Se dice que viven elfos en las aguas del Moldava. Son hombrecillos vestidos completamente de verde con un sombrero rojo y cabello muy largo.
Te cuidado, alguno no es amigable y tratará de llevarse tu alma.






