Empezamos
La maldición de Minerva

Si el egiptólogo Arthur Weigall acuñó en 1934 la frase “la maldición de los faraones”, un siglo antes, el escritor Lord Byron le deseó a Lord Elgin, el saqueador de las estatuas del Partenón, que cayese sobre él “la maldición de Minerva”.
Thomas Bruce, conde de Elgin, quería llevarse los mármoles del Partenón para adornar su casa. Los desmontó de tal forma que los terminó rompiendo aún más de lo que ya estaban.
Suya es la frase: “hay que llevarse Grecia a Escocia”, para lo que no dudó en sobornar al gobernador turco de Atenas.
Fue en 1810 cuando Lord Byron escribió el poema La Maldición de Minerva tras comprobar cómo Thomas Bruce, conde de Elgin, había dejado el Partenón tras haber expoliado 15 metopas, 17 estatuas de los frontones y 75 de los 160 metros del friso, objetos que hoy se exponen en el Museo Británico.
A partir de esa fecha la vida de Lord Elgin se convirtió en un verdadero infierno.
Fue arrestado dos veces en Francia. En Londres no obtuvo ningún reconocimiento por su labor como embajador en Constantinopla. Perdió su escaño en la Cámara de los Lores.
Su mujer le dejó por su amante. Incluso se especuló que sus hijos no eran realmente suyos.
Arruinado, tuvo que malvender la mercancía al Museo Británico que se la compró a precio de saldo.
Finalmente, murió en la más absoluta pobreza en Francia. ¿Justicia poética?
Las esculturas griegas estaban coloreadas…

Y las romanas también. Al igual que la de los antiguos egipcios y la escultura oriental.
Se sabe que los templos, caso del Partenón, igualmente tuvieron color.
Todo esto se conoce desde finales del siglo XIX. Sin embargo, tanto los historiadores del arte como los museos lo ocultaron.
Sirva de ejemplo el escándalo de la limpieza de las esculturas del Partenón, los llamados mármoles de Elgin, durante 1938-1939.
Trabajadores del Museo Británico utilizaron herramientas de cobre junto a lana de acero para quitar lo que creyeron era suciedad, pero que en realidad era parte de la pátina de color original.
El objetivo era dejar las esculturas “limpias como una patena”.
¿Por qué se pensaba que las esculturas clásicas estaban realizadas en mármol blanco, puro?
Todo empieza en el Renacimiento en donde se idealiza la belleza clásica uniéndola al mármol blanco, pulido, puro.
Posteriormente llegaría el arqueólogo e historiador alemán Joachim Winckelmann (1717-1768), padre de la Historia del Arte, quien publicó en 1764 History of Ancient Art.
Escribía que un cuerpo era más hermoso cuanto más blanco era. Por consiguiente, el color blanco puro era constitutivo del ideal de belleza de la antigüedad.
Sus teorías influirían en todo el siglo XIX. Inclusive se ha utilizado como manual en las facultades de Arte hasta la actualidad.
Durante el siglo XIX y XX se pensaba que tanto colores como adornos, aspectos esenciales de las esculturas griegas, solo podían aparecer en culturas folclóricas, esto es, de nivel inferior. Se daba por hecho que la cultura europea era más valiosa.
Todo este ideal estético de blancura y pureza ha llegado hasta nuestros días y se ha reproducido por motivos políticos. La idea de colorear una escultura se asocia algo infantil, primitivo e irracional.
Todo empezó a cambiar a partir de 2003 cuando se presentó en Múnich la exposición El Color de los Dioses dedicada a la policromía antigua.
Representaba la puesta en sociedad de un proyecto que había llevado 25 años a Vinzenz Brinkmann junto con un equipo internacional de investigadores.
En 2023 llegó al MET de Nueva York. El éxito fue absoluto.
Con técnicas avanzadas se recrearon antiguas esculturas clásicas.
Se han encontrado pigmentos en estatuas. Por ejemplo, en 1760 se encontró la estatua de Artemisa en Pompeya. La lava de la erupción del Vesubio había conservado su pigmentación.
Por cierto, el mármol era considerado por los griegos un material menos valioso que el granito, que era más apreciado por ser más resistente.
Tallar y pintar mármol es simplemente más sencillo.
Preguntad a un griego.

Prometeo patrón de los ateos

Prometeo (1637). Rubens.
Siempre que aparezca el nombre de Prometeo en un libro, una película, un proyecto o, por ejemplo, en una embarcación, es un guiño al ateísmo.
El mito cuenta que, tras la lucha entre titanes (los primeros gobernantes) y los dioses, éstos últimos se hicieron con el poder nombrando a Zeus como dios supremo.
El titán Prometeo creó con su ingenió, la tecnología y la ciencia unas criaturas llamadas seres humanos.
Prometeo se rio de Zeus al ofrecerle un banquete en donde le llevó para comer los huesos de un buey. Encolerizado, el dios de dioses castigó a Prometeo a través de sus criaturas más queridas: los hombres, a quienes quitó el fuego, enviándolos a las tinieblas.
Fue entonces cuando Prometeo decidió robar el fuego de los dioses para dárselo a los humanos.
El acto era un desafío a los dioses. Otro más.
Prometeo pensaba que la humanidad podía prosperar al margen de los caprichos de los dioses.
El fuego significaba usar la razón para convertirla en ciencia, en tecnología, en avance.
Zeus se vengó de la Humanidad a través de Pandora.
Prometo fue capturado siendo encadenado para sufrir la peor de las torturas: al ser inmortal sería devorado todos los días durante toda la eternidad por una terrible criatura.
El ateísmo vio en el mito de Prometeo el desafío a los dioses arbitrarios alejados de la razón.
Asimismo, adjudicó a Prometeo el título de Padre de todos los Hombres y el de benefactor de la Humanidad.
El rey serpiente. Los atenienses nacieron de la tierra

Los habitantes del Ática pensaban que ellos habían vivido siempre en esas tierras.
Su primer rey, Cécrope, había nacido de la tierra, sin progenitores. Así, se le representa mitad humano mitad serpiente.
Zeus, un picaflor, un hipersexual empedernido
Del apetito sexual del rey de los dioses aprendieron personajes como Ramsés II o el sultán Moulay Ismaíl.
Para engañarlas se transformó de multitud de formas.
Repasemos algunas de sus andanzas:
Metis

El nacimiento de Atenea (1689). Rene Antoine Houasse.
De la unión nació Atenea.
Europa

El rapto de Europa (1629). Rubens.
La raptó disfrazado de toro blanco.
Dánae

Dánae recibiendo la lluvia de oro (1560). Tiziano.
Para poseerla Zeus se convirtió en una lluvia de oro. De la unión nació Perseo.
Leda

Leda y el cisne (1520). Leonardo da Vinci.
Aquí Zeus se hizo pasar por un cisne. Nacieron Helena y Cástor.
Io
Ninfa a la que transformó Hera, la esposa de Zeus, en vaca para que su marido no yaciera con ella.
Pese a estar custodiada por Argos fue sustraída por Mercurio quien la llevó ante Zeus.

Mercurio y Argos (1659). Diego Velázquez. Io al fondo con forma de vaca.
Ganímedes

El rapto de Ganímedes (1638). Rubens.
Era un pastorcillo que vivía en Troya.
Zeus envío un águila para raptarle. Después de mantener relaciones con él lo convirtió en copero de los dioses.
Sémele

Zeus y Sémele (1895). Gustave Moreau.
Sabiendo Hera de las andanzas de su marido con la ella la convenció para pedirle al rey de los reyes que se apareciera ante ella tal y como era. Al hacerlo se abrasó.
De la unión nació Dioniso (Baco).
Calisto

Calisto y Zeus (1613). Rubens.
Ninfa de Artemisa que había contraído voto de castidad. Zeus se convirtió en Artemisa yacer con ella.
Leto
De su unión con Zeus nacieron los mellizos Apolo y Artemisa.
Otras:
Alcmena, Antíope, Deméter, Dione, Egina, Electra, Eurinome, Laodamia, Mnemósine, Niobe, Pluto, Táigete, Temis.
Leyendas de Atenas
Teseo y el Minotauro
El rey Minos de Creta había vencido en la guerra a Atenas.
Como tributo, todos los años Atenas debería enviar catorce jóvenes a la isla como sacrificio para que fuesen devorados por el Minotauro que vivía en un laberinto.
El joven ateniense Teseo se ofreció voluntario para revertir la situación.
Se presentó en Creta junto con el resto de los que iban a ser sacrificados.
Fue ayudado por Ariadna, la hija del rey, quien le entregó un ovillo para que lo atase a la entrada de laberinto y así seguir el camino de vuelta.
Teseo mató al Minotauro. Escapó siguiendo el rastro del ovillo, se llevó a Ariadna, pero, finalmente, la abandonó en Naxos.
El Minotauro, mitad toro, mitad hombre aparece en diferentes civilizaciones. En la mitología egipcia como Apis, en Mesopotamia, entre los celtas o también otra en la India o Angkor Wat con la serpiente Naga, mitad hombre, mitad serpiente.
La leyenda de la caja de Pandora
Forma parte del mito de Prometeo.
Tras robar el fuego, Prometeo va a casa de su hermano Epimeteo le cuenta lo sucedido y le hace prometer que bajo ningún concepto acepte un regalo de los dioses. Epimeteo se lo asegura.
Efectivamente, Zeus prepara su venganza enviando a Pandora, la primera mujer, un bellísimo ser al que acompaña una caja. Epimeteo queda prendado de la mujer y se queda con ella y…con la caja.
Caja que guarda, pero la curiosidad de Pandora la lleva a abrirla y cuando lo hace se produce la venganza hacia los hombres. De su interior salen todas las desgracias que pueden afectar a la humanidad.
Epimeteo llega a cerrarla consiguiendo que quede en el fondo la Esperanza.
La Leyenda de las Amazonas
Procedentes del norte del mar Caspio este pueblo de mujeres guerreras atacó Atenas que supo repelerlas.
Recientes estudios arqueológicos empiezan a plantearse su verosimilitud haciéndolas originarias de la zona de la actual Armenia.





