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Fueron los griegos quienes les dieron este nombre a las estatuas asociándolas a Memnón.

Según La Ilíada, Memnón, rey de Etiopía, era hijo de un mortal troyano, Titón, y de Eos, la Aurora. Tras morir en la Guerra de Troya a manos de Aquiles, su madre no paraba de llorarle. Conmovido Zeus, permitió a Memnón que cada mañana saludase a su madre con un gemido.

Estrabón, historiador griego del siglo I a.C., cuenta que el coloso situado al sur con la llegada de los primeros rayos de sol lanzaba un canto lastimoso parecido al de los pájaros. Fue por este motivo por el que se le llamó Memnón.

En realidad, el cambio de temperatura al amanecer provocaba la evaporación del agua entre las fisuras del coloso produciendo el peculiar sonido.

A principios del siglo III el emperador romano Septimio Severo ordenó reconstruir con piedra arenisca las estatuas, lo que terminó con los sonidos.

En efecto, las dos estatuas gemelas representan al faraón Amenofis III / Amenhotep III (XVIII dinastía). Estaban ubicadas a la entrada de su templo funerario y son los restos mejor conservados de todo el conjunto.

El Templo Funerario de Amenofis III se construyó entre 1390-1353 a. C. Con sus 35 hectáreas fue el templo más grande y opulento del antiguo Egipto, por encima del templo de Karnak.

Muy mal conservado, el templo funerario de Amenofis III, salvo la zona del santuario situada en un montículo, se solía inundar.

El templo estaba rodeado por un muro perimetral de 8,5 de espesor, de unos 700 m de largo y 550 m de ancho.

Varios terremotos destruyeron el templo.

La UNESCO los declaró en 1979 Patrimonio de la Humanidad dentro del conjunto denominado Antigua Tebas con sus necrópolis.

En la entrada, en lo que era el primer pilono, Amenofis III aparece representado en posición sedente con las manos en las rodillas mirando al este, al sol naciente.

Las estatuas miden 18 m de altura con los pedestales (4 m de altura), y pesan en total 700 toneladas cada uno. Están separadas por unos 15 m.

En la parte baja están esculpidas las figuras de su madre, la reina Mutemwiya, y de su esposa, la reina Tiy. Siempre en menor dimensión que el faraón.

El faraón gobernó Egipto durante casi cuatro décadas.

Heredó un poderoso reino logrado por su abuelo, Tutmosis III “el Napoleón egipcio”.

Su reinado proporcionó a Egipto prosperidad y estabilidad política. Gracias a ello emprendió una intensa actividad constructora solo superada posteriormente por Ramsés II.

Amenhotep III exportó no solo los productos egipcios por el el Mediterráneo y el Cercano Oriente, sino su cultura.

Las Cartas de Amarna, descubiertas en 1887, suponen un archivo con cientos de tablillas escritas en escritura cuneiforme que nos muestra la correspondencia regular mantenida con los gobernantes de Asiria, Mitanni, Babilonia y Hatti.

Las tensiones con el poderoso clero tebano, que adoraba a Amón, le llevaron a deificarse en vida implantando el culto a Atón, el disco solar.

Durante su reinado todo apunta a que hubo una importante plaga de peste.

Para acabar con ella ordenó construir en su templo una gran avenida con estatuas sedentes de la diosa Sekhmet, “la poderosa”, un total de 730, una pareja por cada día del año.

De esta forma buscaba aplacar la fiereza y la maldad de la diosa Sekhmet a quien se culpaba del desastre.


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