Puedes ver todas las rutas en: Barcelona: todas las rutas (con indicaciones de Google Maps).

Durante la primera mitad del siglo XIX Barcelona se encuentra inmersa en un cambio de paradigma, la transformación en todos los ámbitos que supone la Revolución Industrial.

A la ciudad no paraba de llegar gente para trabajar en las fábricas instaladas en el Raval.

Con unos 190.000 habitantes, una densidad de población el doble que París o Londres, los habitantes del casco antiguo vivían hacinados dentro de los seis kilómetros de sus murallas.

Extramuros había un llano 20 veces superior a la ciudad.

En 1854, una epidemia de cólera traída en un barco diezma a los barceloneses.

Es así como surge la necesidad de higienizar, airear, en definitiva, expandir la ciudad, derribando sus murallas que ya carecen de sentido.

Y, entre 1854-1856 se demuelen los muros que constreñían Barcelona.

En 1859 el arquitecto Rovira i Trias gana el concurso del Ayuntamiento de Barcelona para urbanizar el ensanche de la ciudad.

Sin embargo, el gobierno central desestimó la decisión del consistorio barcelonés encargando al ingeniero Ildefons Cerdà el plan de reforma y ensanche de Barcelona, posteriormente conocido como Plan Cerdà.

A partir de 1854 se empezaron a derribar las murallas que supuso el comienzo de una nueva era para la ciudad de Barcelona. Al igual que hizo el Plan Haussmann con París (1852-1870), el plan urbanístico de Cerdá transformó a Barcelona de una ciudad medieval a otra moderna.

Ildefons Cerdà, un liberal progresista, proyecta por primera vez una ciudad desde el orden, la igualdad y la higiene de los ciudadanos.

Lo hace con una escala colosal; una malla de 133 m x 133 m delimitada entre los ríos Llobregat y Besós.

A partir del centro histórico se trazan dos avenidas, la Meridiana y la del Paralelo que conectan la ciudad y el puerto.

El centro debería estar ubicado en la Plaza de las Glorias Catalanas donde se unían la Diagonal, la Meridiana y la Gran Vía de las Cortes Catalanas.

Sin embargo, con el tiempo, el centro fue trasladado por los ciudadanos a Plaza Cataluña.

El Ensanche se articula a través de calles anchas que permiten una mejor circulación del aire y, por tanto, reducen la propagación de enfermedades mejorando las condiciones higiénicas de la ciudad.

Cerdà fue un visionario al pensar que el futuro de la ciudad se encontraba en la circulación y la movilidad. La ciudad tenía que ser libre para que el ciudadano se pueda mover libremente por ella.

Lo hace a partir del diseño de las calles que, con una anchura de 20 m se dividen la mitad para que el peatón y la otra mitad para el vehículo.

Las manzanas octogonales con chaflanes a 45º se pensaron para el radio de giro de los tranvías.

La manzana o “illa”, consta de un interior importante para la ventilación y para crear una zona ajardinada.

Todas las viviendas reciben luz natural y la ventilación.

Integra el ferrocarril y propone un “ensanche ilimitado», esto es, piensa en una ciudad con posibilidades de modificación.

Crea tres tipos de calle, de 20, de 30 y de 50 m.

Por cierto, Ildefons Cerdà, llamado “el maldito”, sufrió, no solo el descrédito de los arquitectos (eterna disputa entre ellos y los ingenieros), sino el de la burguesía catalanista. Su figura ha sido recuperada hace relativamente poco.

El distrito de L’Eixample lo forman seis barrios



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